Se muestran los artículos pertenecientes al tema Ideología.

EL MARXISMO LENINISMO EN AMÉRICA LATINA |
|---|
Exponemos estas ideas por invitación de la Cátedra Libertador Simón Bolívar, aquí en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde las ideas revolucionarias volvieron por sus propios pies en 1999 durante la huelga universitaria que freno la privatización de la educación superior.
En Diciembre de 1991 fue disuelta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la bandera roja con la hoz y el martillo fue arriada del Kremlin, Fukuyama pregono el fin de la historia y las ideologías y Bush proclamo un nuevo orden mundial, un IV Reich global. Alguien escribió en esos años, que en Copilco y Coyoacán, el antaño cinturón rojo, al amanecer aparecían abandonadas en las esquinas pilas de libros; justo es decir que no solo de marxismo, pues los escombros del Muro de Berlín sofocaron momentáneamente a todo el pensamiento critico. Algunos de esos miles textos aparecerían en las librerías de segunda a precios devaluados.
Los que eran niños cuando la crisis del socialismo, el retroceso temporal en Europa Oriental y el curso contrarrevolucionario que afecto a la humanidad en su conjunto; aquellos que tenían entre 8 y 15 años son los que en 99 pintaron de pueblo la UNAM y durante 9 meses desbordaron la dignidad estudiantil contra el neoliberalismo; esa generación a la que Tatcher, Bush, Fukuyama, Octavio Paz y la Revista Vuelta, condenaron a vivir bajo el pensamiento único, a ser la generación X, los sumisos, los obedientes, son los mismos que vaciaron en las librerías de Donceles los anaqueles con los libros de Marx, Engels, Lenin, más también de Bakunin, los que en las guardias discutían y soñaban con otro mundo posible, lo que en los Reclusorios en círculos de estudio, en las calles con su rebeldía mostraron que las ideas rebeldes y revolucionarias aún tienen mucho que hacer en la lucha contra este sistema capitalista, responsable de la explotación y la injusticia.
Decimos esto, aquí en la UNAM, que parió esa hermosa rebelión estudiantil del 99, para dejar claro que el marxismo-leninismo no es una pieza de museo, un objeto de estudio de la arqueología, sino que es un instrumento necesario para la emancipación de los trabajadores y de la humanidad.
*****
Entrando ya al tema; cuando decimos marxismo-leninismo nos referimos a la ideología del proletariado, a la teoría y práctica de la revolución socialista, a la práctica política de los comunistas, los revolucionarios, los movimientos de liberación nacional y social.
No es nuestro terreno el de la especulación, nuestra historia tiene virtudes y también tiene errores, pero posee la dignidad de la realidad inmediata, que es como Lenin llamaba a la práctica. Es el accionar voluntario y organizado de mujeres y hombres, no por ellos sino por todos, a los que solo detuvo la muerte, porque ni la prisión pudo encarcelarlos.
El marxismo-leninismo es como posición de clase una concepción del mundo que al mismo tiempo intenta transformar las condiciones existentes de vida para que el hombre supere su prehistoria.
Como se conoce la concepción materialista de la historia se expresa ya abiertamente en el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848 bajo la redacción de Marx y Engels, en el que se preconiza la lucha de clases como motor de la historia, se van explicando los modos de producción y las contradicciones antagónicas entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, hasta llegar al sistema capitalista, modo de producción que simplifica la contradicción a burgueses y proletarios; se señala al mismo tiempo que el proletariado enterrara a la burguesía no solo para emanciparse, sino para emancipar al conjunto de la humanidad, es decir no se trata de cambiar de amo sino que una página nueva de la humanidad se escribirá en temas fundamentales, como por ejemplo el papel del Estado -que como demuestran Engels y Lenin no ha existido siempre sino que viene al mundo con la división de clases-, pues bien este se ira extinguiendo hasta desaparecer como maquina burocrático-represiva para garantizar el dominio de clase. También Carlos Marx y Engels advierten que cuando una clase no triunfa sobre otra entonces puede venir el hundimiento, la barbarie.
Lenin continúo desarrollando la teoría y la práctica consecuente del marxismo, rescatándolo de las deformaciones a que lo sometían en la II Internacional. El marxismo en duro combate contra el oportunismo siempre, en ese caso con una tendencia que primero suscribió Eduard Bernstein y después el propio Karl Kautsky, que bajo la ilusión del aumento electoral de la socialdemocracia sostuvieron que con las reformas se puede avanzar y que la revolución es innecesaria. El momento de descomposición abierta y que Lenin refuto duramente fue la cuestión de la Primera Guerra Mundial, en la que la II Internacional planteo la posición chauvinista de que los trabajadores hicieran causa común con sus burguesías y se mataran entre si con sus hermanos de clase de otras nacionalidades. Eso lleva a Lenin a plantear que hay que quitarse la ropa sucia y ponerse la nueva, por eso los bolcheviques se llaman desde Abril de 1917 Partido Comunista, y como se sabe son los promotores y protagonistas de la Revolución Socialista de Octubre.
La recepción de estas ideas en América Latina se da a partir de 1864, cuando el periódico El Socialista, de México, reimprime la traducción del Manifiesto Comunista que en 1872 se había publicado en Madrid.
Ya para 1895 el argentino Juan B. Busto inicia la traducción al español del Primer tomo del Capital y sucesivamente se van conformando en Argentina, México, Uruguay, Brasil, círculos, periódicos y hasta partidos que de una u otra manera suscriben algunos elementos del marxismo.
Pero para América Latina aplica lo que escribió el secretario general del Partido Comunista de China Mao Tse Tung, fueron las salvas de la Revolución de Octubre las que trajeron el marxismo-leninismo.
Con la revolución rusa triunfante se generaron las condiciones para organizar la Internacional Comunista o III Internacional, que fue un centro organizador de los revolucionarios proletarios y que dinamizo la creación de partidos comunistas, en 1918 el de Argentina, en 1919 el de México, en 1922 el de Brasil, lo que fue masificando las ideas del marxismo-leninismo con variadas actividades, como los periódicos, las revistas teóricas, las campañas políticas, las editoras y la distribución de libros editados en nuestras lenguas en otras latitudes.
Por supuesto no es una recepción mecánica, pues se enriquece con ricas aportaciones. Ya en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, la ponencia peruana redactada por José Carlos Mariategui esta planteando el tema de los pueblos indios, la que es fuertemente debatida por el argentino Vittorio Codovilla. No solo para ese momento, lo que Mariategui plantea es la creación heroica, el aporte que no sea calca ni copia. En otros momentos también brillaran las luces de Víctor Manuel Gutiérrez, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Rodney Arismendi y las contribuciones colectivas de los Partidos Comunistas, del Brasileño, colombiano, venezolano, chileno.
En el terreno de la cultura ayer pero también hoy bajo la bandera del marxismo-leninismo están aportaciones que enriquecen nuestra lucha continental, desde los murales de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, hasta el trabajo actual de las Brigadas Ramona Parra; desde el Canto General de Pablo Neruda, bella historia de la lucha de nuestros pueblos a las creaciones magistrales del arquitecto Oscar Niemeyer.
En el terreno de las ideas y la política veamos rápidamente los siguientes aspectos.
El marxismo-leninismo y la unidad latinoamericana
En opinión de los revolucionarios el subdesarrollo de nuestros pueblos es producto del saqueo indiscriminado del imperialismo, de la explotación directa, de la deuda externa. En el cono sur, Gilberto Vieira, entonces secretario general del Partido Comunista Colombiano planteo un debate con el famoso articulo de Marx intitulado Bolívar y Ponte, donde reivindica las ideas del libertador y sostiene que no hay contradicción entre ser marxista-leninista y bolivariano, como no la hay entre ser internacionalista y patriota, en ese debate también influyo la posición del PC de Venezuela. Se abrió camino a levantar junto con el pueblo la bandera de Bolívar como bandera antimperialista, rescatando las tradiciones de lucha de los independentistas del Siglo XIX. Inclusive la Conferencia de los partidos comunistas y obreros de América Latina que se reunió en La Habana en ocasión de los 150 años de la Batalla de Ayacucho hizo esa reivindicación y llamo a luchar por la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos.
Señalamos este debate porque siempre se acusa al marxismo-leninismo del dogmatismo, de seguir al pie de la letra el instructivo, pero con Lenin decimos que el marxismo es una guía para la acción, no un recetario.
Recuperar a Bolívar fue un acto de justicia histórica y permitió que se gestaran movimientos como el que hoy sacude Venezuela, Bolivia e inclusive Colombia donde un Ejército del Pueblo, las FARC, confronta a la oligarquía y presenta al pueblo una salida democrática y popular al largo conflicto sociopolítico.
Frentes y alianzas dinamizados desde el marxismo-leninismo
La lucha por la unidad de los de abajo, de la clase obrera con los oprimidos, explotados y despojados es una preocupación constante. En 1935 después del Informe de Jorge Dimitrov al VII Congreso de la Internacional Comunista, se avanzo mucho en esa tarea, pero también se cometieron deformaciones imperdonables, errores históricos que retrasan las tareas emancipatorias.
Jorge Dimitrov, un héroe que con dignidad se comporto en los tribunales nazis, expone la justa tesis de que para derrotar al fascismo es necesario un frente muy amplio. Pero la lucha contra el fascismo pasó, el fascismo fue derrotado y en Berlín el Ejército Rojo ondeo la bandera con la hoz y el martillo.
De manera mecánica, sin tomar en cuenta el cuadro histórico, ni estudiar el desarrollo de las clases sociales, ni la reestructuración capitalista, se mantuvo una política frentista, no digamos de colaboración de clases, sino de subordinación de la clase obrera a la burguesía, a la que se asignaba el rol fundamental en tales frentes. Una tarea central del marxismo-leninismo que es la independencia política de la clase obrera quedo anulada.
Por ejemplo en México se confundió una tendencia de concentración y centralización del capital que ocupaba un fuerte sector estatal de la economía para desarrollar a la burguesía y la infraestructura que esta necesitaba en todo el territorio, con la idea de que significaba una manifestación antimperialista de la llamada burguesía nacional. Es claro que bajo tal premisa los errores de estrategia y táctica serian graves, como lo fueron.
Por ello es importante que también en México con la VI Declaración de la Selva Lacandona del EZLN nuevas coordenadas para construir la unidad se planteen, esto es abajo y a la izquierda, clase contra clase.
Producto también de las deformaciones frentistas es en la actualidad la subordinación que se da en varios países a una “izquierda” que aplica el neoliberalismo y las políticas imperialistas sin rubor.
Los pueblos indios y el marxismo-leninismo, una cuestión clave en América
Antes ya citamos a Mariategui. Él esta llamando la atención en un continente como el nuestro, donde la conquista dejo heridas sangrantes abiertas, donde el exterminio fue brutal a mirar y aprender el problema del indio en nuevos términos, no considerarlo abstractamente como problema étnico o moral, sino “concretamente como problema social, económico y político”. En los Siete ensayos para la interpretación de la realidad peruana esta presente ese planteamiento, que fue olvidándose, hay que reconocerlo autocríticamente, recuperado en el planteamiento del pueblo de Cuba a los pueblos del mundo conocido como la II Declaración de la Habana y puesto ya como ineludible por la rebelión zapatista de 1994.
Hoy los pueblos indios de México protagonizan un movimiento anticapitalista claro, que plantea la reapropiación de la tierra y la apropiación por parte de los trabajadores de los medios de la producción. Para el marxismo-leninismo, para los comunistas reconocer sus derechos, reivindicaciones y su papel central en la rebelión nacional anticapitalista no puede esperar ya más, la autocrítica tampoco. Entenderlos no solo con las categorías de explotación y lucha de clases, sino en sus formas de resistencia, como pueblos, con sus formas autónomas de decidir.
La Revolución Cubana y la II Declaración de la Habana
El triunfo el primero de Enero de 1959 del pueblo cubano y el Ejército Rebelde sacudió al marxismo-leninismo y destruyo algunos fatalismos levantados en su nombre, en primer lugar el de la imposibilidad del triunfo revolucionario en el hemisferio occidental, en el área de influencia del imperialismo norteamericano.
Cuando en 1961 el pueblo proclamo el carácter socialista de la revolución y el imperialismo se lanzo con su fuerza mercenaria, en 72 horas se le derroto. La invencibilidad del imperialismo quedo hecha añicos, y el pueblo de Vietnam lo confirmaría.
En 1962 como fresca respuesta al reformismo la II Declaración de la Habana, que articulo un movimiento continental liberador y que replanteo lo evidente, el deber de los revolucionarios es hacer la revolución. Sobre ella el Che escribió:
La Segunda Declaración de La Habana es una guía para el proletariado, el campesinado y los intelectuales revolucionarios de América; nuestra propia actitud será guía permanente. Debemos ser dignos de ese lugar que tenemos, debemos trabajar todos los días pensando en nuestra América y fortalecer más y más las bases de nuestro estado, su organización económica y su desarrollo político, para poder también, al mismo tiempo que nos superamos internamente, convencer más y más a los pueblos de América de la posibilidad práctica de iniciar el camino del desarrollo socialista, en la etapa actual de correlación de fuerzas internacionales.
Ese documento es una contribución brillante que enriquece el marxismo-leninismo, y es justamente conocida como el Manifiesto Comunista de América Latina.
La Revolución Cubana también muestra el rol de los estudiantes, su papel decidido y decisivo.
*****
Hoy el marxismo-leninismo en América Latina tiene su rol, sus tareas, como ciencia de la historia, como acumulación de experiencias en la larga lucha por el socialismo, por la emancipación y la liberación.
En México su contribución es reconocida.
Veamos por ejemplo lo que en el contexto de La Otra Campaña, una forma para cumplir La VI Declaración de la Selva Lacandona, plantea el Subcomandante Insurgente Marcos, jefe militar del EZLN, sobre la vigencia de Lenin:
Lenin resolvió de una forma acertada tres de los grandes retos que tienen aquellos que quieren transformar la realidad en la que estamos. Una, la producción teórica, la teoría y la discusión y el debate con las ideas de los que están arriba; otra, el análisis concreto con esos elementos teóricos, el análisis de la realidad en la que uno está luchando; y la tercera, que es la más difícil para quienes empiezan a agarrar las herramientas de la teoría y del análisis concreto, que es la práctica, la lucha. Hay más aspectos en la vida de un luchador, de alguien que quiere transformar, que tienen que ver con el corazón, con la cultura, con el estudio de las ciencias y las artes, con el humor, con las relaciones interpersonales. Pero esas tres primeras, el análisis y la discusión y el debate teóricos; el análisis concreto y también la práctica, la lucha; Lenin es un referente que viene a pelo con lo que está pasando ahora en nuestro país.
En La Otra Campaña participamos los comunistas. Fue el marxismo-leninismo lo que nos llevo a ser adherentes. Y como no si soplan los vientos de la rebelión nacional y se planta bandera firme en el anticapitalismo, en la lucha contra este sistema que nos explota, nos despoja, nos reprime y nos desprecia.
Como marxistas-leninistas estamos planteando que en las tareas de nuestro pueblo se requiere de un alto grado de organización y por ello persistimos en organizar al partido de los revolucionarios, el partido comunista, firme en su concepción del mundo, internacionalista consecuente y que sea capaz de proponer con audacia pero sin dogmas la opción socialista y el proyecto comunista, para que otro mundo sea posible.
México DF a 1 de Mayo del 2007
“Un análisis de la forma en que se distribuye la circulación de diarios entre las empresas periodísticas que compiten en nuestro país, nos permite apreciar que, en lo que se refiere a los matutinos de circulación nacional, los dos principales conglomerados que conforman el núcleo oligopólico del sector controlan el 99% del total mercado, distribuidos en un 53% para el grupo El Mercurio y un 46% para COPESA, correspondiendo el 1% restante al diario La Nación. (…) Si a estos totales se suman el vespertino La Segunda y los diarios de distribución gratuita Publimetro y La Hora en sus dos ediciones, los resultados se modifican levemente a favor de COPESA debido a que es la que más diarios entrega gratuitamente, quedando la distribución porcentual como sigue: 47% para COPESA, 41% para El Mercurio, 11% para Publimetro y 1% para La Nación.”.
“El año 2005, la inversión publicitaria del gobierno, los ministerios y el Ministerio Público, fue 6.827.862 millones de pesos, que se desglosan en 4.210.016 millones en televisión; 1.220.126 millones en prensa; 241.898 en vía publica y 156.622 en Metro”.
En el mismo año la inversión publicitaria de los Servicios Públicos en prensa escrita registraron 440.640 millones en El Mercurio (71%); 123.366 millones en La Tercera (19%); 31.846 en Las Ultimas Noticias (5,1%) y 22.515 en La Nación (3,6%).
Las empresas del Estado consignadas en el informe, BancoEstado y Polla registran 537.707 millones en El Mercurio (34,2%); 529.636 millones en La Tercera (33,7%); 404.464 en Las Ultimas Noticias (25,7%) y 96.740 millones en La Nación (6,1%).
“Así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales”. Karl Marx. En torno a la crítica de la filosofía del derecho.
El 3 de julio de 2006 fue publicada en Rebelión una entrevista al filósofo francés Dany-Robert Dufour bajo el título La muerte de Dios postmoderna. Aunque Angélica M. Aguado y José J. Paulín, sus entrevistadores, presentan al filósofo francés como uno de los pensadores europeos más importantes, a mi juicio este filósofo, como la mayoría de los filósofos postmodernos, le da la espalda a la realidad y usa el lenguaje como si constituyera un mundo independiente. No actúa conforme se expresa Marx en la cita que encabeza este trabajo, no entiende que el proletariado, las masas más pobres del mundo, debe encontrar en la filosofía sus armas espirituales. Así se evitaría que la buscara en exclusividad en la religión. Y para lograr que el proletariado encuentre en la filosofía sus armas espirituales, el filósofo debe traducir su lenguaje filosófico al lenguaje corriente. Sólo así se demostraría que la filosofía sirve a la vida y es expresión de la vida.
Trabajadores y proletariado
Hoy día, dadas las diferencias entre los países del Norte y los del Sur, se hace necesario establecer una clara distinción entre trabajador y proletario. Deberíamos utilizar este último nombre para los trabajadores que viven en condiciones difíciles, con bajos salarios, y especialmente en países pobres. Puesto que los trabajadores que viven en los países más avanzados, incluso los que no tienen grandes salarios, pueden disfrutar de un nivel de vida relativamente satisfactorio, si la comparamos con la vida que llevan los trabajadores en los países menos avanzados.
Los proletarios, dada las penurias de su vida, son quienes más sienten la necesidad de que el mundo cambie y sueñan con dicha posibilidad. Lo que sucede es que la cultura capitalista alimenta este cambio como una opción individual y no como una opción colectiva. En el otro extremo de la balanza nos encontramos con trabajadores que pueden llegar a percibir hasta seis mil euros al mes en concepto de salario. Este salario no los convierte en capitalistas, pero si en unos ciudadanos que disfrutan de un buen nivel de vida y a quienes no les falta de nada. De ahí que estos trabajadores no sientan la necesidad de que el mundo cambie. No obstante, tanto un sector como otro, tanto el trabajador como el proletario, necesitan de la filosofía como arma espiritual. Más en este mundo de hoy, tan ausente de espíritu y de valores, donde el materialismo vulgar y la vida superficial lo ocupan todo.
Los filósofos y la transformación del mundo
El pensamiento filosófico puede ser empleado para dos fines: por un lado, para representar el mundo, mostrando lo que existe y señalando cuáles son sus necesidades de cambio, y por otro lado, para ocultar el mundo, metamorfosearlo y volverlo inexplicable. Creo que hoy día hay muchos filósofos, entre los que se encuentra Dufour, cuyas palabras sólo sirven para convertir el mundo en algo inexplicable. No obstante, aconsejo al lector que lea la entrevista de la que antes di las referencias y que tenga la paciencia de leer hasta el final la crítica que aquí formulo. Sé que para las personas prácticas, las que tienen que comunicarse con la gente sencilla, el lenguaje filosófico abstracto, más especialmente el especulativo, les resulta muy poco interesante. Pero a un sector importante de los intelectuales sí les interesa ese lenguaje y los problemas que trata. Y los intelectuales constituyen una de las fuerzas sociales imprescindibles para la transformación de la sociedad capitalista en una sociedad socialista. Así que las vanguardias de la izquierda radical no pueden ignorarlos ni desatender sus necesidades.
Las abstracciones y las ocultaciones
Creo que la mayor abstracción en la que incurre Dufour en su entrevista es en la de sujeto o neo sujeto. Y carga aún más de abstracción a ese sujeto cuando lo define como un sujeto determinado por el ideal crítico kantiano y por la neurosis. Me parece una abstracción burguesa, propia de la clase media, que siempre anda huyendo de las contradicciones extremas. No se trata de inventar contradicciones extremas; pero si estas existen, no hay que ocultarlas o hacer como si no existieran. ¿Pero por qué me parece una abstracción burguesa la del sujeto del que habla Dufour? Porque cualquier filósofo que tenga los ojos abiertos puede ver dos clases de sujetos en el primer plano del mundo: por un lado, las cien mil personas que mueren cada día de hambre, y por otro lado, las quinientas personas más ricas del mundo que suman más dinero que el que poseen las 410 millones de personas más pobres del mundo. Por mucho que avance la filosofía, por mucho que se declare la importancia y omnipresencia del lenguaje, nada de eso puede borrar la contradicción extrema entre riqueza y pobreza. Como tampoco puede borrar la contradicción entre propiedad pública y propiedad privada. Puesto que tanto la pobreza extrema como el enriquecimiento desproporcionado son frutos de la propiedad privada. Así que en vez de un sujeto crítico kantiano y neurótico, lo que tenemos en el mundo de hoy es un sujeto hambriento y un sujeto extremadamente rico.
La postmodernidad
A la pregunta de qué caracteriza exactamente a la postmodernidad, Dufour contesta lo siguiente: “La postmodernidad se caracteriza, según Lyotard, por el fin de los grandes relatos de emancipación de la humanidad que fueron elaborados durante la modernidad, la cual funcionó en torno a ciertos ideales, por ejemplo el acceso a la razón y al criticismo y la emancipación social. Tomen como ejemplo el marxismo y la salvación social –prometida de alguna manera con referencia al pueblo-, y el acceso a ciertas “fuerzas oscuras” (pienso ahora en Nietzche o en Freud, que decían que en cuanto acudiéramos a ellas nos íbamos a liberar). Entonces, los que sufren frente a la postmodernidad serían esos grandes relatos, ya que ésta pondría fin a esas esperanzas y a esos ideales. Así que la postmodernidad dice que ya no seremos salvados ni por Dios, ni por el proletariado, ni por ningún ideal de emancipación”.
Emancipación política y emancipación humana
Dufour nos dice sintéticamente dos cosas: una, ha llegado a su fin los grandes relatos de emancipación de la humanidad, y dos, la humanidad no debe esperar a ser salvada por el proletariado. Ha sido la burguesía, sobre todo por medio de la declaración de los derechos humanos, quien ha confundido de siempre la emancipación política con la emancipación humana. La emancipación política llevada a cabo por la revolución burguesa significó, entre otras cosas, que el Estado se liberara de la religión. Pero no significó la liberación humana de la religión, todo lo contrario: las personas se volvieron más religiosas. Así que quien hable de que la modernidad, esto es, la época burguesa y la época de la transición del capitalismo al socialismo, se caracteriza por el fin de los grandes relatos de la humanidad, es víctima de la ideología burguesa, que presenta la emancipación política como emancipación humana.
En esta confusión entre la emancipación humana y la emancipación política, en la que incurrió la burguesía, no podía caer el proletariado. Y la experiencia del socialismo realmente existente lo ha puesto así de manifiesto: se trata en principio y fundamentalmente de la emancipación económica y política del proletariado, no de la emancipación de la humanidad. El ejemplo de Cuba y de China así lo atestiguan. Así que es un error asignarle al proletariado una misión que no le corresponde y que la práctica desmiente.
La postmodernidad y la salvación de la humanidad por el proletariado
De todos modos no deja de ser una actitud extremadamente burguesa y cómoda hablar de que no debemos esperar del proletariado que salve a la humanidad. Será que Dufour no tiene los ojos abiertos y no ve lo que hay que ver: no ve que cada día mueren de hambre cien mil proletarios. ¿Cómo podemos esperar del proletariado, que representa la más grande de las deshumanizaciones, la salvación de la humanidad? Sólo puede esperarlo la clase media, que es una clase social cómoda donde las haya, que le gusta hablar de que los relatos de emancipación de la humanidad han acabado sentada en su sillón, como si ella nada tuviera que ver con la marcha del mundo. No sabe o no quiere saber que si los grandes relatos de emancipación de la humanidad han llegado a su fin, especialmente en Europa occidental, será porque ella los ha sofocado, estrangulado y asfixiado.
Neoliberalismo
Ante la pregunta formulada por sus entrevistadores de cuál sería la diferencia entre neoliberal y ultraliberal, Dufour responde lo siguiente: “Neoliberal quiere decir literalmente “nuevo liberalismo”. Ahora bien, creo que no es un nuevo liberalismo; sólo hay un liberalismo que fue enunciado hacia 1768 por primera vez por Adam Smith, y que se presenta como la posibilidad para los individuos de entregarse a la ganancia máxima y seguir todos sus cálculos egoístas; que decía que “podían hacer” sin ningún límite, sin ninguna vergüenza, porque de todas maneras existía una Providencia que iba a transfigurar los vicios privados en virtudes públicas, es decir, en riqueza colectiva. Es este régimen, simplemente llevado hasta sus últimas consecuencias, el que vemos aparecer en el mundo, sobre todo a partir de 1980 con Margaret Thacher, en Inglaterra, y con Ronald Reagan, en Estados Unidos, y que implica la destrucción de todas las formas de regulación”.
El uso absoluto de las palabras
No deberíamos dejar que ciertas palabras, como, por ejemplo, la palabra “neoliberalismo”, oculten los detalles del mundo y de la vida. No deberíamos ver tras el neoliberalismo especialmente y en exclusividad a los mandatarios de las grandes potencias. Nuestra visión debería ser más amplia y percibir bajo la bandera del neoliberalismo, además de a esos mandatarios, a los grandes capitalistas de todas las naciones, con sus nombres y apellidos, a los grandes líderes de opinión del mundo capitalista, a sus grandes y enriquecidos deportistas, y a todas las grandes figuras que se mueven en torno a la moda y la publicidad. Hay que ampliar los blancos sobre los cuales apuntar la crítica. No debemos fijarnos en exclusividad en los representantes políticos, los que están al frente del Estado y dan la cara, sino también y más especialmente en los representados. Son demasiadas las fuerzas y los sectores sociales que viven de lo lindo gracias al estado económico y social del mundo actual. Hay muchos vividores, presentes en todos los ámbitos de la vida, que sacan grandes tajadas sin trabajar o trabajando muy poco en este mundo extremadamente liberal. Así que el uso absoluto de cualquier palabra, como en este caso sucede con la palabra “neoliberalismo”, sin entrar en los detalles y matices de la vida, nos lleva a tener una concepción del mundo muy unilateral. Es como si sobre la vida echáramos una pesada manta y todo lo viéramos de un solo y uniforme color. Así que si alguien dice que está contra el neoliberalismo, qué nos diga que hay detrás de esa palabra o a quién apunta con esa palabra.
Capitalismo de libre mercado y capitalismo monopolista
Adam Smith hablaba para la época del capitalismo de libre mercado, donde las empresas no eran muy grandes y producían para un mercado desconocido. En esa época era cierto, hasta cierto punto, que el interés individual generaba un interés común. Pero desde principio del siglo XX el capitalismo de libre mercado dejó de existir y su lugar fue ocupado por el capitalismo monopolista, donde los bancos pasaron a desempeñar un papel central y dominador. Y los monopolios, al contrario que las empresas de la época del libre mercado, lo calculan todo y lo planifican todo. No venden a un mercado desconocido, sino a un mercado conocido en todos sus detalles. Las grandes empresas transnacionales antes de invertir en un determinado lugar lo estudian todo previamente, si hay las infraestructuras adecuadas o no, si hay estabilidad política o no, incluso tienen los contactos y tratos necesarios con las autoridades locales. Nada se les escapa al movimiento espontáneo. Ya nadie cree en el mercado ciego y desconocido. Así que en este sentido el liberalismo del capitalismo transnacional nada tiene que ver con el liberalismo de los siglos XVIII y XIX. Es un grave error teórico presentar el liberalismo actual como una continuación o culminación del liberalismo representado por Adam Smith.
Hay que observar además una diferencia esencial: en tiempos de Adam Smith el trabajo se consideraba la sustancia del valor, mientras que en la actualidad todos los esfuerzos de los economistas burgueses están encaminados a quitarle el protagonismo al trabajo en la creación de riquezas. Y como dije en cierta ocasión: Adam Smith es un aliado para los marxistas en la lucha contra los economistas convencionales. Adam Smith era un economista profundo, no superficial, como sí lo son los economistas burgueses actuales. Así que es un gran error ideológico presentar el liberalismo actual, que expresa los intereses del capital monopolista y el predominio de la economía vulgar, con el liberalismo de los siglos XVIII y XIX, que expresa los intereses del capitalismo de libre mercado y el predominio de la economía profunda y esencialista. En aquel entonces la burguesía era revolucionaria, mientras que ahora es reaccionaria.
El mercado y la regulación
Dufour habla como si el capitalismo actual supusiera la destrucción total de todas las formas de regulación. Esto es un error. Dufour confunde la actuación de los grandes capitalistas en el interior de sus fronteras con su actuación fuera de ellas. El mercado en los países miembros de la UE, por poner un ejemplo, es un mercado regulado. Sólo hay que pensar que la mitad de la economía es pública. Y la regulación no sólo es una demanda de la clase obrera, también lo es de la clase capitalista. Todos los capitalistas están unidos mediante organizaciones empresariales y exigen del Estado muchas cosas: que abaraten los costos de la seguridad social, que faciliten subvenciones, y que les ayude en la creación de puestos de trabajo. Así que el mercado actual es un mercado regulado e intervenido. La cuestión está en que cuando los grandes capitalistas de la Unión Europea actúan en el exterior, especialmente en los países atrasados, quieren la mayor de las libertades: el dejar hacer sin límites. Pero ahí está la reacción de países como Venezuela y Bolivia para establecer límites y no dejar al gran capital hacer lo que quiera. De todos modos el problema no ésta en el mercado, sino en que el mercado sea capitalista, y más específicamente que esté en manos de las grandes empresas transnacionales. Y las empresas transnacionales lo regulan todo, no actúan a ciegas y sin control. Así que es un error presentar el liberalismo internacional como una economía de mercado sin regulación ni control. El problema no es si hay un mercado regulado o no regulado, sino en manos de quiénes está la regulación y el control.
El sujeto postmoderno
A la pregunta de cuáles serían las consecuencias psíquicas para el que, a todas luces, parece ser un neo sujeto, formulada por sus entrevistadores, Dufour contesta en los siguientes términos: “En la época moderna teníamos un sujeto doblemente definido: estaba definido por el ideal kantiano que apareció alrededor de 1800, y estaba definido también por la condición subjetiva de este sujeto moderno caracterizada por la neurosis. Yo creo que el sujeto postmoderno es un sujeto que ya no está marcado por la necesidad de esta substracción; es un sujeto que debe poder obtener todo lo que quiere en función de que Adam Smith llamó la maximización de las ganancias. A partir de entonces es un sujeto que se presenta con una nueva característica, la de ser un ser sin límites, y por lo tanto entra en otra economía psíquica distinta a la del ser humano moderno que se ve obligado a renunciar a una parte para que lo demás funcione”.
Los filósofos, como Dufour, atrapados por las palabras, falsean el mundo, tanto el pasado como el actual. Nadie puede creer que las personas de 1800 fueran sujetos kantianos y neuróticos. Algunas tal vez sí, y siempre en una parte de Europa, pero la mayoría no. Y de todos modos esas caracterizaciones son insuficientes para saber cómo era la gente de aquel entonces. Además, entre las personas hay muchas diferencias, de clase, de cultura, de posición, de origen, etcétera. Y al caracterizar al sujeto actual, Dufour cae en el mismo error que cuando caracteriza al sujeto de 1800, y hay cosas que no comprende. La maximización de las ganancias es una exigencia que debe plantearse cualquier empresa. El problema no está en maximizar las ganancias, sino en quién se apropia de las ganancias. Pertenece al socialismo antiguo y reaccionario pensar que quien lucha por maximizar las ganancias es un capitalista. También cualquier persona debe buscar ganar lo más posible. El problema no está en luchar por el máximo ingreso, sino en que haya personas que se apropien de trabajo ajeno.
El ser actual como un ser sin límites
Cuando Dufour habla de que el ser actual es un ser sin límites, se deja llevar por las ideas. El Estado, lejos de debilitarse, se ha vuelto más complejo y poderoso. Y el Estado es el más grande de los límites que existen. ¿No limita Estados Unidos con su maquinaria de guerra el libre hacer del pueblo iraquí? Sin duda que sí. Hoy existen más límites que nunca. La existencia de las transnacionales es la limitación más importante que tiene el mundo de hoy. Pero no por ser transnacionales, sino por ser de propiedad privada. Otra cosa es que haya pueblos que son muy libres y otros que lo son menos. Pero pensar que existe un sujeto abstracto y universal que carece de límites, no deja de ser un canto al ciego idealismo. Y el idealismo es un veneno para la conciencia que quiere cambiar el orden existente.
La postmodernidad, el mercado y Dios
A la pregunta ¿cuál es entonces el lugar de Dios en la postmodernidad?, formulada por los entrevistadores, Dufour responde lo siguiente: “Me están haciendo una pregunta muy interesante porque, de hecho, los grandes relatos de salvación de la modernidad han muerto en la postmodernidad. Así que podríamos decir que Dios ha muerto, pero este vacío trascendente de Dios fue reemplazado por la nueva Providencia que mencioné hace rato, que es la Providencia del mercado. Es el mercado el que se presenta como un nuevo dios: potencia, omnipotencia; podría hacer todo, regular todo. Así que estamos ante una especie de nuevo dios. El problema es que este nuevo dios no cumple sus promesas. ¿Por qué? Porque el mercado es una simple red de intercambios, un ámbito donde se puede intercambiar todo, todo lo que es mercantilizable en el mundo”.
Pienso que Dufour habla de espalda a la realidad y que sus palabras carecen de verdad. Dios no ha muerto, porque la creencia en Dios no ha muerto. La gente sigue siendo hoy día muy religiosa. La necesidad de creer en Dios sigue siendo hoy día muy fuerte. Y entre más pobres sean los pueblos, entre más miserias y calamidades padezcan, más fuerte y desarrollado está el sentimiento religioso. Así que Dios sólo morirá cuando muera la necesidad de creer en él. Y la necesidad de creer en él desaparecerá cuando del mundo desaparezca el mal: el hambre y la guerra.
Presentar al mercado como el nuevo Dios me parece un pensamiento del tiempo de Lutero, que hablaba del dinero como algo que en sí mismo encerraba el mal. El mercado es un mecanismo económico que sirve para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y para asignar los recursos. El problema en el mundo actual no está en que haya mercado, sino en que el mercado sea capitalista. No es el mercado el que lo puede todo, sino los grandes capitalistas que operan en el mercado. Así que para acabar con la omnipotencia que hay en el mercado habría que acabar con los grandes capitalistas. Sucede con el mercado lo mismo que sucede con el dinero. El problema no es el dinero, sino que haya personas que lo posean en cantidades infinitas y otras personas que apenas puedan disponer de él.
¿ No tenemos más que el mercado?
Los entrevistadores después de afirmar que si la postmodernidad presenta la posibilidad de la muerte de Dios y lo que ha venido a ocupar su lugar es el mercado, formulan la siguiente pregunta: ¿la oferta de las nuevas religiones es la existencia de un dios falso? Y Dufour responde del siguiente modo: “No, yo creo que es en esta declinación de las distintas figuras del Otro que la humanidad ha conocido, donde hay que contar formas extraordinariamente diversas de la divinidad, o formas extremadamente diversas de lo que se da en llamar el soberano, o formas muy diversas de lo que se podría llamar la soberanía. Piensen, por ejemplo, en la historia occidental, en la cual pasamos de la physis griega, los dioses de la naturaleza, el politeísmo griego, a todas las variedades del monoteísmo; pasamos a una forma de la teología política con la monarquía absoluta, luego pasamos a nuevas apariciones del soberano: el pueblo; así, por ejemplo Rousseau, en el contrato social, llama al pueblo el soberano, y esa es una nueva forma de relación con un tercero. También conocimos formas de religión del arte, de religión política, por ejemplo Marx era alumno de Hegel, y en esta teleología de la Historia no es la realización del espíritu absoluto lo que estaba en el orden del día para Marx, sino el advenimiento de una sociedad sin clases, lo cual en el fondo está muy cercano al proyecto teleológico y lógico de Hegel. Por eso hablo del marxismo como de una teología política. Resulta que todo esto se desmoronó, entonces, efectivamente, por el momento no tenemos nada más que el mercado que no mantiene sus promesas, y tenemos el regreso de falsos dioses”.
¿Dioses falsos?
Dufour resume en cuatro renglones la historia de dos mil años. Pretende con dos categorías, formas de la divinidad y formas de la soberanía, presentarnos lo que ha sucedido durante todo ese dilatado tiempo. Y sus conclusiones no dejan de ser forzadas, caprichosas y simplonas: el marxismo fue una teología política que se desmoronó y su lugar fue ocupado por el mercado, llegando entonces los falsos dioses. Pero los dioses son seres imaginarios creados por el hombre. Y si son seres imaginarios, carecen de existencia sensible. Y de seres que carecen de existencia sensible sobra plantearse si son falsos o verdaderos.
Los fines inmediatos y los fines lejanos
Presentar a Marx como un intelectual que elaboró un proyecto político para el advenimiento de una sociedad sin clases es una tergiversación. La tarea central de Marx, lo que constituye el noventa por ciento de su pensamiento, fue el análisis del modo de producción capitalista. Y en función de esta tarea, que es un fin inmediato, del nivel y logros alcanzados, debe ser evaluado el pensamiento de Marx. Cosa distinta es preguntarse si la toma del poder por parte de la clase trabajadora supone una nueva sociedad de explotación del hombre por el hombre. Y no es así: el proletariado desparecerá como tal proletariado cuando desaparezca la burguesía. Y esto es un fin lejano. Puesto que la experiencia nos enseña que a la burguesía le queda todavía muchos años de existencia, tal vez siglos, antes de desaparecer de la historia. Y cuando la burguesía desaparezca, desaparecerá el proletariado. Pero esta perspectiva, esta visión del futuro, no tiene nada de teológica. Puesto que si miramos hacia atrás vemos que la clase dominada desaparece cuando desaparece la clase dominante: los esclavos desaparecieron cuando desaparecieron los esclavistas, y los siervos desaparecieron cuando desaparecieron los señores feudales. Así que la forma de pensar de Dufour me parece caprichosa, arbitraria y con poco sentido práctico.
El sujeto y la destitución subjetiva
Después de afirmar que hay muchas señales de la resistencia del sujeto a su destitución subjetiva a manos del mercado y ser preguntado por los entrevistadores sobre cuáles serían esas señales, Dufour responde lo siguiente: “Son múltiples, no son sólo políticas. Por ejemplo, están en el sujeto que quiere seguir actualizando lo que sucede en él con su deseo, están en el sujeto que no cree que los objetos manufacturados del mercado vayan a cumplirle realmente lo que él quiere, contrariamente a lo que dice el mercado. El mercado dice: “Quiera usted lo que sea, nosotros se lo vamos a dar”. Sabemos que esto deja completamente insatisfecho y que hay que elaborar algo para saber qué es lo que quiere uno de uno mismo, de los demás y cómo deseamos estar juntos. Entonces, por doquier encontramos resistencia: en donde todavía alguien se plantea esas preguntas, escribiendo un poema, elaborando una práctica que no responde simplemente al funcionamiento del mercado, cuando se entrega a una práctica artística, cuando se entrega a un psicoanálisis, al participar en movimientos colectivos de resistencia contra este orden de las cosas; todas estas son formas de resistencia del sujeto frente a su destitución subjetiva”. Este énfasis en el sujeto concebido de modo abstracto es expresión de una concepción burguesa e idealista del mundo. ¿Y por qué? Porque falta en esa concepción la visión colectiva y material del mundo.
El mercado como persona
No dejan de asombrarme estas formas de hablar. Supuestamente el mercado, convertido en una persona, a juicio de Dufour, nos dice: “quiera usted lo que sea, nosotros se lo vamos a dar”. Así no actúa el mercado. No basta con querer una cosa, es necesario tener el dinero suficiente para pagarla. Si no, el mercado no te lo da. Y sólo los que tienen mucho dinero, piden cosas al mercado irracionales, como, por ejemplo, los objetos de lujo, los excesos y los caprichos. Pero quien viva del salario base, sólo le pide al mercado lo que necesita. Así que lo que se espera del mercado depende del dinero que se tenga en los bolsillos.
El mercado y la producción
Frente a los abusos del mercado, frente a los excesos y los caprichos, frente al consumo desproporcionado e irracional, la mejor resistencia sería cambiar la producción. Y en dos sentidos: cambiar la propiedad, de privada cambiarla a pública, y cambiar lo que se produce, sustituir los artículos de lujos por artículos básicos y necesarios. Pensar que la clave de la sociedad moderna está en el mercado en vez de en la producción, es pensar como los economistas convencionales, como los economistas vulgares, quienes prestan oídos sordos a estas sabias palabras de Marx: “Por eso abandonamos esta esfera ruidosa, situada en la superficie y visible para todos, junto con el poseedor del dinero y el de fuerza de trabajo, a fin de seguir a ambos en los lugares ocultos de la producción, en cuya puerta se halla escrito: No admittance except on business. Veremos aquí no sólo cómo produce el capital, sino cómo se produce él mismo. Y se nos revelará por fin el secreto de la plusvalía”.
Y pensar que escribir un poema, hacer una obra de arte y tener una sesión de psicoanálisis son formas de resistencia al mercado capitalista, es sencillamente que no se sabe lo fuerte que es el sistema capitalista ni se sabe donde se encuentra la mayor fuerza contra el sistema capitalista: en las grande masas trabajadoras. De todos modos para hacer una obra de arte hay que tener tiempo libre, preparación y conocimientos. Y esto último cuesta dinero. Como también cuesta dinero una sesión de psicoanálisis.
José Cademartori *
Abril 2006
El giro a la izquierda, tendencias y peligros
Que hay un giro a la izquierda en la política de América Latina, en comparación con el decenio de los noventa, es algo difícil de negar. Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Haití son los casos más notorios, pero no los únicos. Es un proceso que irrumpe al inicio del siglo XXI con la victoria de Hugo Chávez y sigue con las elecciones de Lula, Kirchner, Tabaré Vásquez y Evo Morales. En la misma línea se inserta el contundente triunfo de René Preval, la altísima votación de un candidato contrario al TLC en la tranquila Costa Rica, los avances del F. Farabundo Martí en El Salvador y de los sandinistas en Nicaragua. Nuevas expresiones de esta tendencia cabe esperar en uno o más de los próximos eventos electorales en el 2006, en Perú, México, Ecuador, Nicaragua o Brasil.
El actual giro a la izquierda tiene sus raíces en el malestar generalizado de extensos estratos sociales excluidos o postergados. Así lo testimonian las innumerables y masivas expresiones de resistencia contra las consecuencias del libre mercado y la globalización transnacional y en repudio a “la clase política” y sus instituciones, cada vez más alejadas de sus representados. La profunda crisis económica y social de los últimos veinte años del siglo - aumento del desempleo, indigencia extendida, desigualdades crecientes, desmantelamiento de servicios públicos, incremento y mal uso de la deuda externa – se transformó en crisis política. Políticos otrora poderosos como C.A. Pérez, Menem, Sánchez de Losada y Fujimori, fueron ignominiosamente derribados por la presión popular. Varios Presidentes fueron obligados a renunciar en medio de rebeliones populares. Partidos de larga vigencia como Acción Democrática y el COPEI en Venezuela, el MNR en Bolivia, Colorados en Uruguay, el PRI de México, perdieron drásticamente sus bases de apoyo. El giro se ha expresado en el surgimiento de nuevos líderes de extracción popular, en el papel protagónico de movimientos sociales inéditos y en el acceso al gobierno, con apoyo ciudadano mayoritario o relativo, de frentes, movimientos o partidos de trayectoria de antiguo o nuevo ideario izquierdista.
Desde luego, los nuevos regímenes están sometidos al ataque graneado de los partidos desplazados y del gran capital nacional con sus poderosos recursos mediáticos, los cuales buscan minar el apoyo ciudadano y sustituirlos por gobiernos que restablezcan la “normalidad anterior”. Washington no oculta su disgusto por el curso de los acontecimientos y apunta sus fuegos a lo que llaman “el eje del mal”, Cuba-Venezuela-Bolivia . Urden todo tipo de maniobras en su contra, con la complicidad de sus aliados más afines como Uribe, Fox y Toledo. Presiona a los demás gobiernos, con exigencias o halagos, para alinearlos junto a sus intereses mundiales y regionales. Particular atención pone en Brasil, Chile y Uruguay, a los que considera gobiernos “moderados”, con miras a evitar su radicalización y contraponerlos a la orientación latinoamericanista de Cuba, Venezuela, Bolivia y hasta cierto punto Argentina. Bush consiguió algunos éxitos como los TLC bilaterales, ya en funcionamiento con México y Chile y otros, en diverso estado de avance con Centroamérica, República Dominicana, Perú, Colombia y Ecuador. Logró que algunos gobiernos respaldaran la invasión de Irak y enviaran tropas auxiliares a Afganistán e Irak. Obtuvo que Brasil, Argentina y Chile enviaran tropas a Haití, aunque no consiguió su objetivo de torcer hacia la derecha la voluntad de los haitianos. Logró la autorización para la instalación de bases militares en Ecuador y Paraguay, con inmunidad judicial para sus tropas. Pero, también Bush ha cosechado sonadas derrotas como el intento de condenar a Venezuela en la OEA, la negativa a unificar o coordinar los ejércitos bajo el Pentágono, la pérdida de su favorito como Secretario General de la OEA y el fracaso del ALCA en la cumbre de Mar del Plata.
Izquierda, derecha y centro
El giro a la izquierda reactualiza los conceptos de “izquierda” y “derecha”, los que son objeto de diversas interpretaciones. Hay quienes sostienen que ya no tienen vigencia. Algunos prefieren el término “populista” para descalificar a los gobiernos o las medidas que rechazan el recetario neoliberal y proyectan nuevas alternativas. La derecha política se autodenomina de centro-derecha para camuflar su relación con la plutocracia y ampliar su espectro electoral. Sin embargo, los términos izquierda y derecha vuelven a ser utilizados. Ellos designan, aunque de un modo simplificado, el continuo alineamiento en dos bandos que caracteriza la lucha política, sobre todo en medio de la crisis de poder y en los momentos álgidos. Y, como bien sabemos, la política es la expresión concentrada de los intereses sociales y económicos de las dos principales clases en pugna en el capitalismo, lucha que, en diferentes ámbitos y con diversa intensidad, se prolonga durante todo el período de tránsito hacia una nueva sociedad. Por otro lado es importante tener en cuenta a las capas medias, antiguas y nuevas, cuyos líderes y partidos disputan el poder, sea intentando una difícil equidistancia de ambos polos o bien, inclinándose a uno u otro bando, según quien tenga más fuerza. En algunos de los nuevos gobiernos, al lado de sectores izquierdistas que los apoyan hay un mayor peso de corrientes centristas y aún de derecha. En otros, predominan las fuerzas de izquierda, con presencia de sectores de centro.
En los debates al interior de la izquierda se manifiestan dos tendencias extremas, pero igualmente negativas. Una, asimilable a la socialdemocracia europea que estando en la oposición critica el modelo neoliberal, pero una vez en el gobierno abandona las críticas y las reformas prometidas y cede, a las exigencias de Washington y las oligarquías internas. Esta corriente designada también como “moderada” o renovada se permite apenas atenuar los efectos negativos de las políticas ortodoxas, mediante cambios superficiales o medidas asistenciales a favor de grupos minoritarios. La tendencia “moderada” puede afianzarse durante algún tiempo, pero a la larga frustra las esperanzas de los pobres y excluidos que terminan por repudiarla. La derrota puede afectar a la propia izquierda consecuente, sea que esté dentro o desde fuera del gobierno, si se muestra pasiva o incapaz de rectificar, con el apoyo de masas, el rumbo de la coalición gobernante. La otra corriente, a la que podemos llamar “extremista”, pretende identificar la izquierda sólo con medidas inmediatas de un supuesto carácter “socialista”. (expropiaciones, hostilidad a los empresarios pequeños y medianos, reivindicaciones económicas insostenibles, supresión del mercado, etc.) Esta corriente desestima la correlación de fuerzas, la capacidad del enemigo de clase y el estado de conciencia, organización y ánimo de las grandes masas. El ultrismo de izquierda niega dogmáticamente la necesidad de acciones comunes o alianzas con sectores de centro que permitan consolidar la base política para ulteriores avances. La izquierda sectaria, es casi por definición una corriente con cierto ruido, pero con escaso apoyo de masas. Aunque carece de viabilidad, puede generar consecuencias negativas que frustran las posibilidades de derrotar a los enemigos principales, al fomentar la división y debilitar las fuerzas del frente antineoliberal que hoy se necesita.
La Unidad Popular, compendio de aciertos y errores
La historia del gobierno de la Unidad Popular nos dejó lecciones que pueden servir para esta discusión. Para ello es necesario tener en cuenta algunos hechos básicos. El triunfo electoral de Allende fue un triunfo relativo, (el 36% del electorado) lo que hace una importante diferencia con la magnitud de las victorias de Chávez, Tabaré Vásquez y Evo Morales. En Chile no había otra alternativa que pactar con la democracia cristiana para ratificarlo en el Congreso. En todo caso, el no tener la mayoría absoluta no nos inhibió para llevar a la práctica en tres años, buena parte del programa comprometido, haciendo uso de las atribuciones presidenciales. Así nuestra minoría fue creciendo de modo que en las elecciones nacionales de 1973, aumentamos el caudal de sufragios hasta el 44% y del mismo modo, la representación parlamentaria, curso que de no haberse interrumpido por el golpe, habría permitido alcanzar la mayoría absoluta en 1976. Nuestros adversarios no tuvieron dudas que estábamos construyendo los primeros pilares de una nueva economía y una nueva sociedad, y por eso no se arriesgaron a esperar hasta 1976 y después de Marzo de 1973 lanzaron con todo a la preparación del golpe.
Una primera lección es que no supimos resolver el problema de la estabilidad y continuidad democrática de este primer gobierno izquierdista en nuestra historia. Era cierto que contamos con el respaldo de la mayoría absoluta en la calle para realizar la nacionalización del cobre, democratizar la banca, nacionalizar la telefonía y otras industrias básicas, así como para impulsar a fondo la reforma agraria y para dictar no pocas leyes de beneficio social. Pero no tuvimos el apoyo parlamentario para legislar sobre otros importantes temas, como sancionar los delitos económicos, efectuar la reforma tributaria, consolidar las tres áreas de la economía, institucionalizar la participación popular y los cambios democráticos en el sistema judicial. La mayoría en el Congreso era necesaria también para aplicar el estado de sitio y otras medidas de excepción para aplastar los actos terroristas, las campañas mediáticas subversivas y el sabotaje de que fuimos objeto. Es decir, se necesitaba una mayoría política democrática con base de masas más allá de la UP, para aislar e impedir los designios de la derecha golpista. Los acuerdos con partidos de centro eran viables, al menos en un comienzo, dadas las coincidencias programáticas con la democracia cristiana, aunque dentro de ella convivían demócratas y progresistas junto con reaccionarios y golpistas. Al no concretarse esos acuerdos, la derecha tuvo el campo libre para atraer a la mayoría DC a sus planes subversivos. A medida que crecía el peligro del golpe, Allende estuvo dispuesto a hacer algunas concesiones a la DC para consolidar las reformas estructurales realizadas y asegurar la continuidad democrática. Como es sabido, algunos partidos de izquierda se opusieron tajantemente a los esfuerzos de Allende por llevar adelante esa estrategia, con el argumento de que la democracia cristiana y no la derecha golpista, era el enemigo principal. Asimismo se opusieron a la colaboración con el general Prats y los militares constitucionalistas quienes, mientras estuvieron en funciones dieron pruebas de capacidad para defender la seguridad interna, fueron leales al Presidente y aceptaron el programa de gobierno; a la vez, no estaban dispuestos a excederse del mismo y exigían el fin de las acciones provocadoras promovidas por la ultra izquierda (y por elementos infiltrados) y que afectaban a las capas medias.
Otra lección que nos dejó la Unidad Popular es la necesidad de mantener la unidad de la izquierda en torno al programa comprometido y a los liderazgos reconocidos. Es la exigencia más profunda, no siempre cumplida, de las grandes masas del continente cuando gritan a todo pulmón: “la izquierda unida jamás será vencida”. El programa tiene importancia porque define la estrategia para unas condiciones determinadas. El intento voluntarista de ir más allá para “apurar el proceso”, sin tener en cuenta las condiciones objetivas o, en el otro polo, renunciar al compromiso de cambiar el modelo neoliberal y congraciarse con sus profitadores, resultan en ambos casos, funestos. Las diferencias sobre tácticas o medidas concretas en relación al programa no debieran acallarse, pero sí mantenerse en los marcos del respeto debido a las personas, a las promesas y a los métodos acordados para resolver las diferencias. Para cumplir el programa es decisivo el apoyo mayoritario de los trabajadores de la ciudad y del campo, el cual sólo se puede asegurar mediante la participación informada, masiva, organizada y activa de sus bases sociales y políticas frente a todas y cada una de las decisiones gubernamentales, en su implementación y control.
Chile actual, ¿centroizquierda o centroderecha?
Para comprender la “excepcionalidad“ de Chile con respecto al panorama latinoamericano actual, hay que recordar los diecisiete años de la dictadura pinochetista. La implantación duradera del sistema neoliberal no habría sido posible sin el terror masivo, el aniquilamiento de toda una generación de valiosos cuadros, el aplastamiento de toda disidencia, la liquidación de las leyes de seguridad social y de la base productiva industrial, la erradicación de la memoria histórica y la renuncia de los ideales socialistas de una parte importante de sus dirigentes. Desde el fin de la dictadura Chile es presentado erróneamente como ejemplo de izquierda moderada, como el exitoso modelo a seguir en el continente. El sustento de este modelo es un bloque de clases que va desde los multimillonarios hasta capas medias ascendentes que influye en sectores populares, algunos ilusionados con un futuro mejor y otros resignados a lo que hay. La derecha y una parte de la concertación concuerdan en lo esencial de la institucionalidad pinochetista y la ideología neoliberal. Las transnacionales y los grupos financieros locales son los grandes beneficiados del modelo chileno, pues sus elevadas tasas de ganancias y la acelerada acumulación de riquezas en sus manos, su penetración ideológica e influencia política, nunca habían sido tan grandes como ahora. Pero, la derecha política y económica chilena está al acecho, siempre teme perder sus privilegios y se siente con capacidad de reasumir todos los poderes del estado. Estuvo muy cerca de lograrlo por vía electoral en 1999 y en el 2005. Sus partidos, Udi y Renovación Nacional, ejercen una influencia desproporcionada en la política nacional. Para ello disponen de recursos ilimitados para comprar voluntades y se valen de los grandes capitalistas que dictan la pauta en los monopolizados medios de comunicación. Los altos quórum que Pinochet impuso para aprobar las modificaciones a su Constitución y a las leyes “orgánicas”, entre ellas, el sistema electoral binominal, le permite a la derecha una sobre-representación en el Congreso Nacional principalmente a costa de la izquierda y también de la concertación, pues con sólo un 33% de la votación nacional puede alcanzar cerca de la mitad de los asientos en el Congreso. Con esa minoría la derecha puede bloquear toda iniciativa legal que necesite altos quórum para aprobarse. Por su lado, los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos aceptaron lo que llaman “el consenso democrático”, una especie de co-gobierno tácito que se traduce en legislar con el acuerdo de la derecha. El consenso se materializa en un cuoteo constante de los cargos en la Corte Suprema, la Televisión estatal, el Banco Central y otros